jueves, 17 de julio de 2014

EL PENSAMIENTO: CLAVE DE LA FELICIDAD



Color vs B&N

¿Y tú a través de qué cristal miras la vida?
Autor: Iván Hdez.

"Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos construimos el mundo. Habla o actúa con mente pura y la felicidad te seguirá como tú misma sombra, inseparable", Buddha Dhammapada.

Pensar es algo inherente al ser humano, tan automático que quizás por ese motivo algunas personas no le dan la importancia que verdaderamente tiene. Desde hace algún tiempo una frase nos ronda y nos advierte, aunque su origen es mucho más antiguo de lo que creemos: “somos lo que pensamos”.  Yo me atrevería a decir que nuestra vida es el reflejo de las palabras que se cruzan por nuestra mente, de cómo pensamos.

Con el ritmo vertiginoso y estresante que muchos/as llevamos y el bombardeo voraz de estímulos a los que estamos expuestos actualmente a causa de los avances tecnológicos,  cada vez son más las personas que viven conectadas al mundo exterior pero desconectadas de sí mismas, no conscientes de cómo se hablan, cómo piensan, se relacionan y cómo sienten. Muchos/as no nos preocupamos de analizar nuestros pensamientos y creencias, ni nos tomamos unos minutos para comprobar si estos son realistas,  justos o no. Esto puede generar una serie de sentimientos, comportamientos y actitudes que pueden ser inadecuados e incluso dañinos para nosotros y para quienes nos rodean.

Es fundamental hacer un esfuerzo por detenernos, respirar profundamente  y atender a nuestro diálogo interno. 

El pensamiento es el lenguaje interno, el diálogo que mantenemos con nosotros/as mismos/as. Este auto-diálogo será el determinante de nuestros sentimientos y, consecuentemente, de nuestras conductas. Se adquiere involuntariamente, como resultado de las influencias familiares, de la educación, del entorno, en base a nuestras relaciones y a partir de las propias experiencias que vayamos teniendo a lo largo de la vida.

Si nos dejamos llevar por pensamientos disfuncionales difícilmente podremos manejar el estrés cotidiano y quedaremos más expuestos a conflictos y a problemas de salud tales como la ansiedad y la depresión, entre otros.


La Terapia Racional Emotiva y Conductual (TREC) de Albert Ellis, considerado padre de la psicología cognitiva defiende que:

1.  Nosotros somos los responsables de nuestros sentimientos en tanto cuanto lo somos de nuestros pensamientos.
2. Existen pensamientos racionales (objetivos, realistas) y pensamientos irracionales (versiones subjetivas de los hechos o situaciones, formas de pensar de carácter radical, extremista, con tendencia a valorar la realidad, incluyendo a los demás,  de forma distorsionada, negativa y exagerada).

Existen cuatro tipos de pensamientos irracionales y resulta  recomendable tenerlos en cuenta y cuidarnos de ellos, si bien es normal tenerlos lo preocupante sería “padecerlos” con demasiada intensidad o recurrencia y que pasen desapercibidos ante nosotros, camuflados de racionalidad:

  1. CONDENAS: etiquetas descalificativas a uno mismo, del tipo “Soy un/a desastre, un/a inútil…”, y/o a los demás: “Son malas personas”.
  2. EXIGENCIAS o los conocidos  “deberías” o “tendría que…”, típicos de las personas exigentes consigo mismas y/o con los demás.
  3. CATASTROFISMOS o “terribilitis”: lenguaje interno y verbal que contiene en exceso elementos tales como: “terrible”, “horrible”, “fatal”, “muy mal”, “nefasto”, etc.
  4. B.T.F. (baja tolerancia a la frustración) o síndrome deno soportantitis”: “No soporto…”, “No aguanto más…”, “Es demasiado…”, “No puedo con…”, etc.

Antídotos gratuitos y sin efectos secundarios contra los pensamientos irracionales:

Para luchar contra las condenas debemos evitar juzgar, tratar de ser concretos o justos, no valorar las circunstancias o las personas en términos dicotómicos (de blanco /negro, de todo/nada) ni absolutos. Tener  en cuenta las conductas, los hechos y no extraer conclusiones globales o absolutas ni creer  que sabemos a ciencia cierta lo que alguien piensa, siente o cuáles son sus verdaderas intenciones. Evitar los términos absolutistas como “todo”, “nada”, “nunca”, “siempre”… nos beneficiará en este sentido porque su uso indiscriminado ¡siempre nos llevará a error! (y aquí me lo permito, con el permiso de los/as lectores/as).

En cuanto a los pensamientos de no soportantitis, toca reflexionar: ¿realmente no soportamos a algo o a alguien? o simplemente, ¿nos cuesta tolerar o nos resulta desagradable o incómodo ese algo o alguien? Si una mesa no soporta realmente el peso que sostiene se romperá  y caerá al suelo, ¿no? En lugar de caer en la queja improductiva, en el victimismo barato e incluso en la búsqueda de cabezas que cortar (culpabilizar) o en conductas de evitación de lo desagradable, será más realista y productivo el pensar/decirnos que si bien puede resultar complicado, somos capaces de tolerar, manejar y afrontar cualquier inconveniente. En ocasiones habrá que tomar medidas, tomar decisiones, hacer renuncias, pedir ayuda, asesorarnos, prepararnos, etc., pero mientras estemos vivos, en pie, estamos “soportando” y, lo más importante: seremos capaces (de algo, de mucho).

Somos  capaces de tolerar, manejar y afrontar cualquier inconveniente.

¡Plantemos cara a los catastrofismos! Un subtipo muy frecuente es la llamada anticipación negativa o “error del adivino” o los “y si…”, que consiste en ponernos en lo peor  antes de tiempo. Frases facilonas y populares tales comonada es 100% malo, es cuestión de ver el vaso medio lleno o medio vacío” o “para todo hay solución menos para la muerte”… probablemente, aunque nos pueda fastidiar, guarden bastante razón. De ahí la importancia de no malgastar nuestras energías viviendo en el pasado ni en el futuro sino centrar nuestros esfuerzos en vivir el aquí y ahora. En los seminarios que imparto y en consulta suelo poner de ejemplo de catastrofismos las películas que ponen en ciertas cadenas de TV los fines de semana a mediodía o por la tarde cuyos títulos suelen contener trazas de terribilitis y las historias que cuentan son claros ejemplos de catastrofismos (¡L@s pobres protagonistas las pasan canutas!) .

El antídoto contra las exigencias, tanto hacia nosotros/as mismos/as como hacia los demás, consiste en cambiarlas por preferencias, deseos y gustos.  “Me gustaría/me habría gustado que…”. Contra los deberías o exigencias suelo plantear a mis clientes un ejercicio simple pero potente y revelador: confeccionar un listado completo con los diversos “tengo que” o “debo de” de un día cotidiano que emergen en la mente desde que ponemos el pie en el suelo –algunos/as desde que abrimos los ojos- y, posteriormente, transformar la lista respetando las “tareas” pero modificando el “tengo que” por expresiones del tipo “quiero”, “decido”, “yo elijo”, “me conviene”… Parece una tontería pero al leer ambas listas el estado anímico es diferente y esto resultará determinante en cuanto a la actitud con que afrontemos el día.

CONCLUSIÓN:
Tenemos el control de nuestro pensamiento, podemos elegir pensar de una forma o de otra ante las diversas situaciones que surjan en el camino. Esto significa que podemos aprender a controlar y modificar los pensamientos disfuncionales, causantes de sentimientos desagradables, desproporcionados, que nos predispondrán a emitir conductas inadecuadas o exageradas. Podemos aprender a modificar nuestros pensamientos voluntariamente, sustituyendo aquellos que nos perjudican por otros más útiles y beneficiosos. En ningún caso estamos hablando de auto-engañarnos, sino más bien todo lo contrario, de pensar más acertadamente, de acuerdo a evidencias y no a suposiciones o interpretaciones, en función de una realidad más objetiva y no tan subjetiva.

© 2011-2014 IVAN HERNÁNDEZ SANTANA. Todos los derechos reservados.