lunes, 29 de agosto de 2016

SÍNDROME POSTVACACIONAL: "DE VUELTA A LA RUTINA"






Algunas personas asocian el verano con el merecido descanso que proporcionan las vacaciones y, consecuentemente, el final de éste con la temida vuelta a la rutina. Para muchos, retomar la responsabilidad tras el periodo estival supone recibir un jarro de agua muy fría.  

Entre un 10 y 15 % de los adultos y entre un 5 y 8 % de los niños y adolescentes pueden presentar el llamado síndrome postvacacional. A los afectados por este cuadro la vuelta a la rutina les podrá parecer una verdadera cuesta arriba, sobre todo en los primeros días.
El síndrome postvacacional consiste en un conjunto de síntomas que reflejan un estado de ánimo como reacción de rechazo ante la vuelta a la rutina tras un período más o menos prolongado de vacaciones. Describe la incapacidad de adaptación del individuo a la rutina y exigencias cotidianas del trabajo o los estudios tras la finalización de las vacaciones. Esta inadaptación puede conllevar una serie de alteraciones físicas y psíquicas que se manifiestan como reacciones de nuestro cuerpo y nuestra mente en su intento de afrontar y encajar dicha situación y que suelen remitir al cabo de dos semanas en los casos  más graves. Lo habitual es que remitan a los pocos días, según indican la mayoría de los estudios al respecto.

Entre los síntomas más destacados se encuentran: depresión, irritabilidad, decaimiento, tristeza, apatía, ansiedad, insomnio, dolores musculares, tensión, náuseas, palpitaciones, taquicardias, sensación de ahogo y problemas de estómago, entre otros. No obstante, este cuadro sintomatológico no está reconocido como enfermedad, sino como un estado de ánimo pasajero.

El desajuste de horario es la principal causa, seguido del cambio en el ritmo diario. Durante las vacaciones se producen modificaciones en los horarios de las comidas, del descanso y el sueño y, sobre todo, en lo que concierne a nuestra actividad familiar y social. Además, a todo ello debemos añadir el regreso a un entorno de demandas y exigencias y a un ritmo de vida ante el que debemos cambiar bruscamente los hábitos adquiridos en las últimas semanas. Así pues, no debe resultar extraño que algunas personas tengan posibilidades de ser víctimas de este síndrome. Según las estadísticas, un 35% de trabajadores españoles de entre 25 y 40 años sufren esta alteración.

Sin embargo, el síndrome postvacacional no afecta de igual manera a todas las personas. Debemos tener en cuenta que, además de la variable del entorno, existe un factor mucho más determinante a la hora de padecerlo: nuestra actitud, esto es,  nuestra percepción subjetiva, la vivencia positiva o negativa de nuestra vuelta a lo cotidiano. Es importante tratar de enfocar positivamente la situación para hacernos mucho más llevadero el proceso. En este sentido, no debemos dejar de tener presente que somos los responsables de nuestros pensamientos y actitudes y, en cierta forma, también de nuestros estados emocionales.

Si idealizamos las vacaciones corremos el peligro de desearlas fervientemente durante gran parte del año y cuando éstas lleguen a su fin lo lamentaremos en igual medida, quedando atrapados en un círculo desadaptativo. Es importante hacer cosas agradables y disfrutar de la vida durante todo el año, no sólo en vacaciones. Una vez más, la prevención es la gran solución.



Algunos consejos a tener en cuenta:
-    El tiempo que estemos de vacaciones es un elemento que influye notablemente. Aconsejamos repartir o fraccionar el periodo de vacaciones de modo que podamos disfrutarlas en dos etapas como mínimo, siempre que sea posible. Así nos libraremos de la sensación tan desagradable que puede suponer el que tengamos solamente un periodo de descanso en el año.
-       Una vez que el fin de las vacaciones esté próximo, si hemos salido de casa,  no dejar todo para última hora. Es conveniente regresar tres o cuatro días antes e ir adaptando nuestro ritmo al habitual. Esto implica retomar los horarios adecuados de las comidas y del sueño.
-     Evitar, en la medida de lo posible, incorporarse a la actividad laboral un lunes. Es aconsejable hacerlo a mitad de semana e incluso  es mejor hacerlo un viernes. Esto nos permite tener una toma de contacto con el entorno, facilitándonos nuestra adaptación al mismo.

-       Una vez nos hayamos incorporado es fundamental comenzar de manera progresiva, siendo conscientes de que nuestro rendimiento irá aumentando con los días. No podemos pretender rendir como si no nos hubiésemos ausentado. Necesitaremos esa etapa de “calentamiento”.

IVÁN HERNÁNDEZ
PSICÓLOGO Y FORMADOR  COL. P-01368